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Ese fenómeno llamado Influencers

Ese fenómeno llamado Influencers

La pregunta que se hacen ahora las marcas en general y las franquicias en particular, no es si utilizar Internet en sus estrategias de comunicación, sino cómo utilizarlo de forma óptima. Que Internet es un canal imprescindible, único o complementario de otros, es una realidad, pero además es un soporte que nos permite alcanzar a […]

La pregunta que se hacen ahora las marcas en general y las franquicias en particular, no es si utilizar Internet en sus estrategias de comunicación, sino cómo utilizarlo de forma óptima.

Que Internet es un canal imprescindible, único o complementario de otros, es una realidad, pero además es un soporte que nos permite alcanzar a nuestros públicos a un menor coste, focalizando mucho mejor nuestras campañas.

Y en este plano es donde entran en juego los influencers, ese fenómeno que ha dado un nuevo vuelco a la estrategia de comunicación de las franquicias. Si Internet, los social media y los medios digitales, supusieron un cambio de roles entre emisor y receptor, los y las infuencers han provocado un nuevo tsunami que obliga a los departamentos de comunicación a adaptarse o morir.

Y si hay que elegir.., ¡vivamos a lo grande! Escojamos ver este fenómeno como una gran oportunidad para llegar a nuestros públicos “influyendo” en sus modos de vida de manera que induzcan a sus millones de seguidores a utilizar, comprar o contratar nuestros productos o servicios.

En cuanto a la estrategia, las reglas no están escritas. ¿Mejor utilizar para nuestras campañas una sola influencer con rango casi de celebrity, o ir de la mano de varios micro- influencers? Pues, pensemos.., ¿a quién nos estamos dirigiendo? ¿A un solo segmento de público objetivo o a varios? ¿Nuestro producto lo consumirán solo millennials, por ejemplo, o podemos abarcar una franja de edad de entre 20 y 45 años?

En el primer caso, podríamos apostar todo a una carta, pero si no, distribuyamos nuestro presupuesto y hagamos que nuestro producto sea representado por un espectro más amplio de personajes para que no sean nuestras campañas las que excluyan un público que podría consumir nuestra marca.

En definitiva, que si no nos compran, no sea por un error de cálculo de nuestra comunicación. Y que si estamos vendiendo en el S. XXI no continuemos utilizando las mismas herramientas del siglo anterior porque, además de desperdiciar oportunidades, estaremos muy probablemente, errando el tiro.

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