Entrevistas | 12 Ene 2007 |

Isabel Ares, Directora de Expansión de Ler Librerías

“En ciudades pequeñas damos los servicios de las grandes librerías”

¿Cuál es su análisis del mercado de las librerías?
Pese a la opinión general, en Ler Librerías vemos las perspectivas del sector con gran optimismo. Cada vez existe un mayor número de lectores y una frecuencia más alta de este hábito en España, lo que nos indica que las librerías de calidad no tendrán ningún tipo de problemas para la supervivencia.

¿Cuáles lo tendrán más difícil?
En estos momentos, son las pequeñas librerías, poco profesionales y con escasa oferta, las que no están pasando por un buen momento, pero las que desarrollan la actividad a gran escala o los establecimientos que están asociados a una cadena como la nuestra están teniendo una evolución cada vez más positiva.

¿Cómo ha sido la trayectoria de Ler Librerías?
Llevamos 24 años trabajando con nuestra librería propia de Santa Comba, en A Coruña, y cada año la facturación ha ido creciendo entre un 25 y un 30%. Eso a pesar de que aquí la población es ganadera y agrícola, que no hay empresas para trabajar y que la gente al final tiene que marcharse para labrarse su futuro.

¿Qué se necesita para tener éxito en este sector?
Considero que es necesario retomar la figura del viejo librero, la persona que está detrás del mostrador, que conoce a sus vecinos, conversa con ellos, es decir, una especie de psicólogo de la calle. Esto no es sólo un comercio de libros. Por suerte aún quedan profesionales de ese estilo, pero no adaptan su negocio a los tiempos modernos, de acuerdo con las tendencias actuales de promoción de ventas. Abrir la puerta de uno de esos establecimientos es como entrar en una iglesia, porque suelen ser recintos lúgubres, oscuros.

¿Qué solución aporta Ler Librerías?
Nuestros locales muestran una imagen moderna, tienen mucha luz y son muy alegres. Tratamos de ayudar y asesorar al cliente en su búsqueda, pero sin agobiar. También con el objetivo de no presionar colocamos el mostrador de caja de tal manera que se confunde estéticamente con los de libros. Tanto es así, que el cliente muchas veces tiene que preguntar dónde se paga. Además, nos instalamos en ciudades pequeñas, donde una Fnac o una Casa del Libro resultan inviables. Con esto logramos que las editoriales importantes puedan estar representadas y que exista un fondo general acorde con la demanda de la zona. Ofrecemos al público los servicios de las grandes librerías sin necesidad de que se desplace. Insistimos mucho a nuestros franquiciados que no dejen que los clientes se vayan sin nada; si no compran, que se lleven un marca-páginas o información.

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